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Si cierras los ojos sólo te verás a ti mismo. Tus párpados por dentro, como persianas de carne que dejan traspasar algo de luz, pero nada significativo.
Si cierras los ojos estarás ciego, pero ciego de todo, no sólo de ojos y te marchitarás como una planta que no puede hacer la fotosíntesis.
Si cierras los ojos estarás solo, aunque oigas pasos o huelas sudores; aunque alguien te roce la mano o se arranque el corazón para regalártelo.
Si cierras los ojos estarás como mudo, porque hablarás a un vacío que no escucha, porque no sabrás si las voces que te llegan son voces o sólo ecos de ti mismo.
Estoy caliente y tortuosa (tal vez porque estamos en junio). Mi pecho es un laberinto para niños, fácil de resolver si tienes ganas.
Pero es la hora de la siesta y sólo apetece retozar y abanicarse, sólo apetece chapotear y refrescarse, comerse un helado tal vez.
Tenemos sed, nuestras gargantas musitan desiertas, se compadecen y chillan tosiendo arena, se retuercen y se deshilachan.
Acércate, pero no mucho. Si quieres te doy un boli. Si quieres te doy una pista. Si me descifras tal vez lleguemos vivos al invierno.

Somos dos gatos mutilados
No tenemos uñas y apenas podemos maullar. Nos frotamos contra las paredes y las sillas (a veces contra nosotros mismos) y tú tienes alergia a la leche. Nos lamemos y nos buscamos las cicatrices, pero las heridas aún laten (algunos días todavía supuran) y ronronear sirve de poco.
Somos dos gatos mutilados.
Hacemos el amor entre cuerdas vocales y ondas y por un momento somos tigres.
Pero a ti te falta un ojo y yo estoy dolida de una pata.
Yo no tengo voz y tú no tienes fuerzas.
Tú tienes calor y yo me estoy muriendo de frío.