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El Faq52m era una cafetería antigua de la carretera M890v de la ruta interestelar.
Llevaba allí 300 nanosegundos escasos, cuando me di cuenta de que un mono mutante me miraba al fondo de la barra con ojos golosos.
Nunca me gustaron los simios, pero en este caso mis hormonas tomaban sus propias decisiones y aquel especímen era impresionante.
El mono me mantenía la mirada y como una tonta, me iba acercando a él irremediablemente, como atraída con una cuerda y una polea.
Un error de cálculo hizo que finalmente nos chocáramos y para mi desgracia le rompí el tabique nasal derecho.
-Lo siento mucho, es que todavía no controlo mis atracciones de tipo F - dije agachando la cabeza sonrojada hasta las orejas.
- No te preocupes, ha sido culpa mía, he tirado demasiado -contestó mientras se sujetaba un colgajo de carne sangrante fruto de mi embestida.

Era un mono bastante atractivo. Tenía el pelaje blanco y los ojos amarillos y sus manos enormes (ahora llenas de sangre y temblorosas aún del susto) me producían una extraña necesidad de ser manoseada.

Olvidando todas las leyes de mi especie le empujé literalmente contra la barra. Le puse un imperdible en la nariz dolorida (ya se la arreglaría alguien después) y le limpié la sangre de la cara con la lengua. Él me miró complacido, me levantó, me dio un beso en la frente y me colgó de uno de los percheros para abrigos que había en la pared. Yo estaba excitadísima, me supuraban los poros y mi líquido reproductor brillaba deslumbrando a todos los borrachos que nos miraban como esperando el momento de aplaudir.

Entonces el mono cogió una silla, la colocó frente a mí y se sentó sin quitarme los ojos de encima. Apartó su melena púbica y agarró su homínido miembro con ambas manos. Yo gritaba como un ser subdesarrollado, tirándome de los pelos y frotándome las piernas. Cuando estaba a punto de desmayarme el mono albino eyaculó.
Como era habitual, su líquido me bañó por completo, apagando mi brillo y mis ganas. La fecundación había finalizado.

Dos meses después di a luz un niño. Era una mezcla deliciosa de simio y neohumana. Tenía los ojos amarillos, como su padre y supuraba y brillaba en la oscuridad cuando algo le divertía, como les sucedía a los de mi especie.

Nunca volví a ver al mono mutante, pero todavía me dan escalofríos cada vez que veo un plátano.
Sólo quiero besarte
no me la metas todavía.
No tengas tanta prisa
que estos labios también divierten.
Tócame los codos, los dedos, las neuronas
No tengas tanta prisa,
no sea que me desintegre.

Y me ponga en stand by
descifrando tu techo
dejando que me perfores
como un taladro de mierda
mientras pienso en que acabes
y poder irme a mi casa
y acabármelo yo sola
viendo la Teletienda.
Una sopa de letras es tu cuerpo, y me paso las horas buscando rincones perdidos y rodeándolos con saliva. Es mi pasatiempo favorito descifrarte a lengüetazos.
Querido Lobo Feroz:

Ya he recibido el correo con tu foto, gracias.
Tengo que reconocer que eres bastante atractivo y sería un placer conocerte, por supuesto.
Pero antes que nada, me gustaría avisarte de lo delicada que soy, no vayas a destrozarme con una mirada mal echada cuando nos encontremos.

Supongo que habrás oído hablar de mí por la escenita de los colchones. Reconozco que fue un momento épico, casi de circo. Lo hubiera conseguido con un grano de couscous, pero tampoco era cuestión de fardar.
Pero bueno, lo que quería comentarte es que ser delicada también tiene sus incovenientes, porque para empezar tendremos que hacerlo sin tocarnos (y más después de ver lo peludo que eres y la cantidad de microorganismos que llevarás puestos).
He pensado que podríamos sentarnos uno frente al otro y decirnos guarradas. Soy bastante buena en eso (algunos galanes grimmianos podrán corroborártelo), así que aunque en principio te parezca un poco raro, te aseguro que será satisfactorio.

Si aún sigue interesándote contesta a mi email diciéndome cuándo te vendría bien quedar. El sitio ya lo elijo yo, que tengo vistos un par de locales aptos para encuentros salubres.

Espero tus respuesta. Un abrazo

La Princesa del Guisante
De un vistazo rápido le sintetizó: era un fresco, un canalla.
Sonreía a todo el mundo y a nadie en particular, dejando que su estela de dientes alumbrara el garito. Se movía de un lado a otro, saludando, abriendo la masa con pequeños toques de hombro (a los hombres) y de cintura (a las mujeres).
Disimulaba bastante bien, pero a veces se le escapaban pequeñas miradas furtivas al espejo de detrás de la barra. No podía evitarlo, estaba encantadísimo de conocerse.

Adela seguía mirándole, con una sonrisa de medio lado como diciendo "cuando te coja verás". Y justo entonces él se acercó y le tocó la punta de la nariz
- Si no dejas de mirarme, al final te tendré que cobrar- dijo entre los dientes de su sonrisa.
El pobre no se daba cuenta de que acaba de caer en su propia trampa y que algo mucho peor que la carencia de espejos estaba a punto de avecinarse sobre él.

Ciento veinte palabras y dos cervezas después se estaban morreando. Él estaba encantado y salivaba estupendamente pensando en lo que creía que vendría después. Le besó el cuello y aprovechando la subida le dijo al oído:
-Vente conmigo, voy a llevarte a un sitio genial.
Y como era de esperar se la llevó a su casa y la metió en la cama (previo desnudamiento erótico).

Entonces Adela le deleitó con sus más estudiadas artes amatorias, saltos acrobáticos y demás juegos orales. Él no la miraba, tenía los ojos cerrados y gemía como un animal herido, gemidos in crecendo, que habría dicho un músico.
Cuando él se disponía a vaciarse, Adela se estiró, como un gato cuando se pone alerta.
Estaba subida sobre él, con los ojos telescópicos y negros. Estiró los brazos y los dejó crecer hasta alcanzar el techo. Adela aumentaba, sus piernas, su cuello, y se hacía gigante mientras se preparaba para el ataque. Su cuerpo se transformaba en un tallo monstruoso, de sus extremidades salían hojas y su pelo se compactaba en un rojo infinito formando dos pétalos. Fue entonces cuando él abrió los ojos e intentó gritar, pero ya era tarde, a Adela le habían salido los dientes.
Así fue como aquella noche La Planta consiguió una buena digestión postcoital y el mundo se quedó con un canalla menos.
Ahogar, dulce ahogar.
Quedarme sin aire porque te lo quedas tú, boca a boca. O morder la almohada y respirar el aire esponjoso, a medio gas. O cuando aprietas tu mano contra mi  boca, para que no chille, quedándote el chillido en la mano, para escucharlo otro día, como hacen los niños con las caracolas.
Ahogarse, dulce ahogarse.
Desatándome los cordones te miro. Estás sentado en la cama, esperando a que me desnude los pies.
Un hilillo de baba te cae por la comisura y no te das cuenta, porque estás más excitado de lo que piensas.
Entonces sin poder evitarlo me das asco y con mi pie recién desnudo te pateo en la boca, dejándote inconsciente sobre las sábanas.
Cojo mis zapatillas, les quito los cordones y te ato, con las manos en la espalda. Saco de mi bolso un impresionante queso machego, un cuchillo y una tabla de madera y voy cortando cuñas, olorosos triángulos de leche fermentada que voy metiendo, uno a uno, en tu boca entreabierta.
Al poco rato te despiertas, confuso, e intentas gritar, pero el queso no te deja apenas respirar y te da un ataque de tos.
Me acerco a tu oído y con una voz casi inaudible te digo:
-Ya tienes lo que querías, enfermo de mierda. Échale imaginación.
Qué bonito sería ser asexual.
Excitarme en el sentido taurino de la palabra.
Que mis piernas rechonchas no haya macho que me las abra
qué bonito enterrar mi raquel animal.

Qué bonito asistir a alguna bacanal
y quedarme mirando con una sonrisa en la cara
pero menos mojada que un polvorón hecho de grava
Qué bonito sería ser asexual.

Lengua te llamas, aunque tu madre no te lo puso.

Tu Lengua lengüea poniendo una alfombra roja mojada por donde piso.
Tu Lengua palpita, como un ser vivo autónomo, articulado.
Tu Lengua se viste de smoking y me deslumbra con galanterías.

A veces, me dejas entrar en tu boca y llamarme Lengua también, por contagio. Y entonces Tu Lengua se baña en mi saliva y chapotea.

Lengua te llamas, aunque tu madre no te lo puso.
Lengua, lengua, lengua. Yo te bautizo.
Eres lengua. Húmedo, caliente y sabes arrastrar poros.
Me mareas y me enciendes, como se enciende una vela y como vela que soy me goteo y lleno todo de agua.
Y los dos chorreamos, entre tu saliva y mi sudor.
Nos escocemos, nos hundimos, nos sacamos los ojos, nos mordemos, nos curamos, nos desvestimos y nos intercambiamos los órganos.

Y es tu voz una deshonra y un martirio
Un caramelo sin papel, listo para tragar
Y sin avisar me entras, saltándote la cola, embistiendo
Mientras me diluyo como una mujer efervescente