Mostrando entradas con la etiqueta repitepite. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta repitepite. Mostrar todas las entradas
Salgo a la calle con tus abrazos puestos y tu olor a recién despierto.
Me llevo tus dedos pequeños revolviéndome el pelo y un ramo de besos diminutos.
Me llevo en los bolsillos un puñado de tus células muertas y en la boca tres sabores de tu cuerpo.
Me llevo en los labios un mordisco de pez y en la nariz un meterla en tu mano.
Salgo a la calle con tus abrazos puestos y el aire se expande para hacerme sitio.
Te robo la sombra y me la guardo.
Para asombrarme.
Para que no me hagas sombra.
Para hacerme un vestido de noche...
...o una alfombra en forma de homicidio.
El robot se queja, porque tiene la aorta rota. Sangra líquidos y llora líquidos porque le han liquidado.
“Sabías que no debías despistarte” – se dijo

El martes el robot era metal, una aleación de materiales innombrables y aburridos. El robot era predecible, perfecto, sin sexo, ortodoxo.

El miércoles el robot mutó, se hizo híbrido y los cables fueron venas y el carburante bilis y su GPS se transformó en orientación. Un ser mixto, como un vagabundo con una pierna ortopédica.

El jueves fue consciente de su consciencia y deseo morir porque sabía que algún día moriría.

El viernes se arrancó el cuadro de mandos. Se llevó con ello dos uñas y un montón de pieles. Se hizo nudos en los cables y lazos en los nudos y se sintió artístico, creador y autoasesino.

El sábado por la mañana se arrepintió, pero ya era más que tarde.
En un recoveco enorme me recreo
 y dejo que se me pongan los pelos de punta
y hagan coreografías.
Mi aliento se hace fucsia y me mareo
mientras tú avanzas pisando ortigas absurdas
y calles melancolías
Me crecen plumas blancas y aleteo
y emigro muerta de risa tonta hacia la espuma
de esas tus playas mías
En un recoveco lleno tarareo
y chillo y aullo como una loba a la luna
y ya nunca es mediodía
No vais a poder conmigo, porque soy muchas.

Soy una niña pequeña, de unos seis años, repelente y con coletas.
Soy una gata rechula, que sólo hace caso cuando le da la gana
Soy una abuela folklórica, que canta mientras riega las macetas
Soy una mesa desplegable, que se abre cuando venís muchos
Soy una osa invernal, que desaparece por temporadas
Soy una adolescente estúpida, que llora porque nadie la entiende
Soy la letra c del alfabeto, aunque a veces me trasnsformo en z
Soy una pelota de máquina de bar cutre, que rebota hasta que te vuelves loco

No vais a poder conmigo, os pongáis como os pongáis.
Resoplo y resoplo, hasta que te caes, porque no eres de ladrillos, eres de fanta de naranja.
Y de tanto resoplar me quedo sin aire y me reconcentro, como un bote pequeñito de suavizante.
Y de tanto resoplarte te llenas de burbujas y te haces malo para la salud.
Resoplo y resoplo hasta que nos matamos y no servimos ni para las estanterías de las ofertas.


La memoria da miedo, porque hace vida por su cuenta. A veces te deja flores en la puerta y otras te escupe con cara de enfadada, o te da pellizcos hasta que se te saltan las lágrimas.

Es un poco defectuosa, funciona para lo que le da gana, y es una de las mejores coartadas para engañarnos a nosotros mismos.

Las memorias se dan puñetazos entre sí cuando no se conocen, hasta que una sale ganando o se van cada una por su lado sin darse la vuelta. Otras veces se restriegan trapos sucios por las caras, porque son memorias con mucha memoria, de las malas.

En los días tiernos, se despiertan unas a otras, de un beso en la frente, y la que estaba dormida sonríe y abre los ojillos, desperezándose.

La memoria a veces coje carrerilla y salta, y luego vuelve para contarte lo que ha visto.
La memoria a veces se muere antes que tú y da mucha pena.
Un perro sucio hurgaba en la basura
un viejo famélico se apoyaba en un quicio
un dolor se paseaba con batín, copa y puro
mientras el niño se ahogaba en un charco de sangre.

Una calle estrecha se vestía de avenida
un millón de uniformes regaban la noche
el demonio a oscuras se partía de risa
mientras el niño se ahogaba en un charco de sangre.

Una lágrima vírgen saltaba de un ojo
un error sonrojado nacía y chillaba
un enano corría porque seguía vivo
mientras el niño se ahogaba en un charco de sangre.

Cuando se me sube la furia latina apartaos de mi camino, porque muerdo y hago pupa. Eso fantásticos días en los que me dan ganas de matar, de gritar, de escupir al cielo y de torturar con palabras.

Ante todo pronóstico, no tiene nada que ver con fuerzas hormonales, es más una cuestión de acumulación de tareas pendientes. La rabia me va llenando, primero los pies, luego hasta la cintura, después sube hasta el pecho y finalmente exploto, como un termómetro lleno de mala leche.

Cuando me sube la furia latina no me reconoce ni mi madre, porque se me comprime la cara alrededor de la nariz, en un pliegue compacto. La culpa es de mis nervios, que se tensan como un arco, con la intención de utilizar mi cara como flecha a la primera de cambio.

Cuando me sube la furia latina, luego se me baja. Pero mientras dura se puede sentir un pequeño holocausto nuclear. Si algún día te cruzas conmigo, huye, porque no me gustaría dejarte secuelas inrreversibles, a ti y a tus futuros descendientes.
Me robaste un silencio y te montaste un aire acondicionado Fujitsu.
Me robaste una pestaña y te tejiste un felpudo
Me robaste un diente y te hiciste un rosario.
Me robaste una gota se sudor y preparaste un aliño para ensaladas.

Me robaste una lágrima y llenaste tu mueble bar
Me robaste un poco de sangre y te pintaste la habitación
Me robaste los pulmones y te cosiste los cojines para el sofá
Me robaste el corazón y fabricaste un reloj de pared.

No soy digna de entrar en tu casa, pero te la he decorado yo, que quede claro.
Si vuelves a mirarme así, se me despeinará la flora intestinal
y me dolerá el estómago para siempre
porque no podré hacer la fotosíntesis.

Si vuelves a mirarme así, me explotarán los alveolos pulmonares
y tendré que comprarme unas branquias modernas
y otras para andar por casa.

Si vuelves a mirarme así se me hará la boca agua
y los dos nos ahogaremos como tontos
en una versión española de Alicia.

Si vuelves a mirarme así, tendré que matarte
porque ahora sabes quien soy y no puedo dejar testigos.
Qué bonito sería ser asexual.
Excitarme en el sentido taurino de la palabra.
Que mis piernas rechonchas no haya macho que me las abra
qué bonito enterrar mi raquel animal.

Qué bonito asistir a alguna bacanal
y quedarme mirando con una sonrisa en la cara
pero menos mojada que un polvorón hecho de grava
Qué bonito sería ser asexual.

Lengua te llamas, aunque tu madre no te lo puso.

Tu Lengua lengüea poniendo una alfombra roja mojada por donde piso.
Tu Lengua palpita, como un ser vivo autónomo, articulado.
Tu Lengua se viste de smoking y me deslumbra con galanterías.

A veces, me dejas entrar en tu boca y llamarme Lengua también, por contagio. Y entonces Tu Lengua se baña en mi saliva y chapotea.

Lengua te llamas, aunque tu madre no te lo puso.
Lengua, lengua, lengua. Yo te bautizo.
Como perder la calma para no encontrarla nunca
Como escupir al cielo y esperar a que te salpique
Como cortarse la mano, la que más usas
Como vestirse de negro cada primavera

Como gritarle a un sordo para que recupere el oído
Como afeitarse las cejas mientras te suda la frente
Como tirar a la basura tu tarta de cumpleaños
Como mearte en el corazón que ayer te regalaron

Como saltar a la comba en un precipicio
Como tener miedo y mirar sobre la sábana
Como morder a tu madre mientras te amamanta
Como pisar un abrazo o arrancarte un suspiro

Como abandonar a tu hijo, dejándole tibio, pero malherido
Hoy que me siento folklórica voy a cantarte una nana. Una nana con sarmientos y pitillos (que son palabras muy de copla).
Puede que no te duermas, porque estás nervioso, porque hoy te has comprado un traje y llevas jazmines en el ojal.
Puede que no te duermas porque no tienes tiempo, porque eres una violetera que absurdamente vende nardos.
Puede que no te duermas porque te da pena, penita pena.
Puede que no te duermas porque el llanto de la Zarzamora no te deja dormir. La muy puta...

Hoy que me siento folklórica voy a cantarte algo, pa tus orejas. No, no me des propina. Soy la bien pagá.

Si cierras los ojos sólo te verás a ti mismo. Tus párpados por dentro, como persianas de carne que dejan traspasar algo de luz, pero nada significativo.
Si cierras los ojos estarás ciego, pero ciego de todo, no sólo de ojos y te marchitarás como una planta que no puede hacer la fotosíntesis.
Si cierras los ojos estarás solo, aunque oigas pasos o huelas sudores; aunque alguien te roce la mano o se arranque el corazón para regalártelo.
Si cierras los ojos estarás como mudo, porque hablarás a un vacío que no escucha, porque no sabrás si las voces que te llegan son voces o sólo ecos de ti mismo.