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Hoy me subiría a un pico en el que me diera vértigo y me respiraría medio Asturias y parte de Cantabria.

Si no tienes motor, chúpate un dedo y busca las corrientes,
como encender un mechero, pero al revés
abre los brazos y déjate despegar.
Si no puedes pide soplidos, porque igual hoy no corre aire.

Y pilota, balancéate, cómete una nube
y cuando te canses déjate caer, colócate la ropa y vuelve a casa
pero mañana te espero otra vez, planeando.
Y si alguien pudiera arrancarme la cabeza?, por un día, un día solo. Y correr con mi cuerpo sin norte, dándome golpes contra los árboles y las farolas.
Me atropellarían uno o dos coches, pero volvería a levantarme y seguiría corriendo, descabezada y con abolladuras.
Me abrazaría a gente sin verla y me daría igual que fueran abuelas o mendigos.
No podría fumar y mis pulmones se ensacharían inmensos,llenos de aire intravenoso.
Puede que me sentase un rato, en un banco de la plaza, quieta como una estatua. Y los niños y los borrachos se sentarían conmigo y me contarían sus cosas.

Y si mi cabeza cortada diera frutos por los ojos y se convirtiera en un macetero perfecto para tu patio?
Exiliado de mí, me exilias.
Me exilias de ti, me exilias de mí y lo veo todo desde fuera de mi cuerpo, ajena, como la proyección de una película mala.
Floto en el aire, tiritando de frío, desnuda de mi cuerpo y convertida en gas. Sin sangre, sin huesos, aérea y abstracta.
Y el verbo apetecer se diluye y me quedo mirando, mirando, mirando, hasta que me escuecen los ojos.
Mirando, mirando, mirando...
Me disfrazaré de momia con papel de fumar
y me absorverás a pequeñas caladas.
Te picará, porque rasco gargantas
y a veces me seco y dejo mal sabor de boca.
Pero te llegaré tan dentro de los pulmones
que cada vez que te despiertes tendrás resaca de mí
y toserás mi nombre.
Salgo a la calle con tus abrazos puestos y tu olor a recién despierto.
Me llevo tus dedos pequeños revolviéndome el pelo y un ramo de besos diminutos.
Me llevo en los bolsillos un puñado de tus células muertas y en la boca tres sabores de tu cuerpo.
Me llevo en los labios un mordisco de pez y en la nariz un meterla en tu mano.
Salgo a la calle con tus abrazos puestos y el aire se expande para hacerme sitio.
Cada palabra se ahoga en cada lágrima. Y cada lágrima se abre paso entre las pestañas, en un planeta de ojos cerrados.
Y cada lágrima se suicida desde su casa de agua, en un acantilado de pómulos, con el pelo suelto y el vestido vaporoso.
Y cada lágrima se agarra a un suspiro, esos inútiles paracaídas de aire.
Y en cada lágrima un trocito de mí.
Y en cada lágrima un trocito de ti.
Y en suelo un puzzle mojado indescifrable.
Un delirio tremendo de arroz y nada y nadando se aleja y se cae en un agujero. Y del agujero salen plumas y las plumas le divierten y le hacen cosquillas mientras cantan sonatas con sabor a pistacho. Entonces aparece una multitud errante y el aire se convierte en revistas con gente desnuda. Y todo baila y se contonea, y alguien se hace pis y alguien grita hasta darse la vuelta. El calor abarrota y una costra de vino hace críticas constructivas y un cigarro quema una casa y una catarata se vuelve siniestra. Todo es de color verde, menos las musarañas y un ángel perdido aprisiona en sus manos un bosque de llaves. Ya ves, todo esto y nada de esto.
Resoplo y resoplo, hasta que te caes, porque no eres de ladrillos, eres de fanta de naranja.
Y de tanto resoplar me quedo sin aire y me reconcentro, como un bote pequeñito de suavizante.
Y de tanto resoplarte te llenas de burbujas y te haces malo para la salud.
Resoplo y resoplo hasta que nos matamos y no servimos ni para las estanterías de las ofertas.
(Cuando algo me sorprende, dos enanos se enganchan de mis comisuras y me hacen sonreir).

Llegaste como un respirar por la boca, cuando el aire que entraba por la nariz no era suficiente.

Me daba miedo mirarte, por si estallabas en mil pedazos, o por si se me arrugaba el sueño. Mataba el tiempo aprendiéndome las manchas de la pared y las motas de polvo del suelo.
Tú mientras me hacías cosquillas con las pestañas, desde lejos, y tu mirada me hurgaba los poros y me investigaba las encías, como si fuera un caballo en venta.

(Cuando algo me sorprende, tengo una erección de sonrisa, que es lo más bonito del mundo).
Estar hirviendo no es un delito, pero no dejes que se te vean las burbujas. Aguanta la respiración, coge aire y dale a la soledad (esa perra que te pisa los talones) un taconazo en la espinilla.

Pero no te gires para mirarla porque dicen las malas lenguas que si miras a la soledad a la cara, te partirá en dos, como los sandwiches de nocilla de los cumpleaños. Y ser una mitad es un desastre porque siempre te faltará un brazo, un ojo y si tienes mala suerte y se ha quedado en el otro lado, un corazón.
Ahogar, dulce ahogar.
Quedarme sin aire porque te lo quedas tú, boca a boca. O morder la almohada y respirar el aire esponjoso, a medio gas. O cuando aprietas tu mano contra mi  boca, para que no chille, quedándote el chillido en la mano, para escucharlo otro día, como hacen los niños con las caracolas.
Ahogarse, dulce ahogarse.
Me robaste un silencio y te montaste un aire acondicionado Fujitsu.
Me robaste una pestaña y te tejiste un felpudo
Me robaste un diente y te hiciste un rosario.
Me robaste una gota se sudor y preparaste un aliño para ensaladas.

Me robaste una lágrima y llenaste tu mueble bar
Me robaste un poco de sangre y te pintaste la habitación
Me robaste los pulmones y te cosiste los cojines para el sofá
Me robaste el corazón y fabricaste un reloj de pared.

No soy digna de entrar en tu casa, pero te la he decorado yo, que quede claro.
Qué insólito, qué estúpido, qué enérgico, qué esdrújulo.
Qué curiosa la química que nos balancea y nos da a partes iguales besos de madre y patadas en las espinillas.
A veces cuando tocas fondo escarbas y te llenas de tierra las uñas. Otras veces subes como un globo o como un precio, o como una líbido. A veces viene alguien y te tira una cuerda, o una vena, o un pelo al que agarrarte. Otras veces el mundo está lleno de agujas y en algún momento de pinchas y se te cae todo el aire.
Qué soso, qué feo, qué triste, qué llano.
Qué sin ton, que sin son, que agudo.