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Ayer vi el día de mi muerte y no me asusté.
Después de cantar en la calle (previo permiso del ayuntamiento), quedaré con un par de amigos para gastar lo ganado en un bar en el que la camarera es conocida. Ellos se irán, como es normal, (porque son pareja feliz), a retozar y dormir, y me quedaré sola en la barra hablando con cualquiera de todo lo que puedo hacer y no hago.
Iré después al Deshoras a comprar el tabaco más barato que me den y un bote de cerveza y me iré a casa, intentando seguir las líneas de las baldosas para que no se me note que he bebido de más.
Después subiré las escaleras hasta casa, rápido y fuerte, presumiendo internamente de que hago algo de deporte por las mañanas y no me canso, hasta el tercero (un cuarto, porque hay entresuelo).
Me sentaré frente al ordenador para escribir, fumando del tabaco barato y bebiendo del bote, mientras en mi cuatro pistas de cerebro pienso en "hoy es el último día que fumo y bebo", "qué bien dormiría con él, aunque últimamente esté un poco idiota", "si mi padre lee esto se va a preocupar mucho y va a venir a rescatarme" y " mientras escribía le he dado sin querer al Photoshop y se ha abierto, qué torpe estoy".
Luego me acostaré sin lavarme lo dientes (porque cansa) y buscaré la postura idónea para no marearme y para que mañana no me duela el cuello.
Cerraré los ojos, pensaré en si mañana tendré un día más de regalo y me pondré el despertador sabiendo que le daré al "diez minutos más" una y otra vez hasta que me haga pis o alguien llame desesperadamente a la puerta (normalmente el cartero).
Pero al día siguiente el despertador se quedará afónico porque no despertaré. Sonará sin sentido, para nadie, hasta que se acabe la batería, molestando a los vecinos que se pondrán nerviosos por el ruido (como cuando salta la alarma de un coche), pero no harán nada más que desear que el pitido pare.


De la fusión de estos dos textos:
http://www.lachiado.com/2012/07/todo-se-reduce-un-punto-concreto-como.html#links
http://www.lachiado.com/2012/05/hiphop-mode-triste-como-un-chicle-de.html#links

y de otras lástimas reunidas, nació y creció está canción. Que ahora se reproduzca, es cosa vuestra...

Psicópata por convicción from Raquel Martín on Vimeo.

La Comunidad de Madrid confirma mi buena visión periférica...


La Comunidad de Madrid confirma mi buena visión periférica...
(hiphop mode)
Triste como un chicle de menta en el suelo masticado
triste como la tristeza de destripar el pescado
Triste como un boli sin tinta, como un lápiz despuntado
triste como estar más viva que la vida que te ha tocado.

Triste como que se te cuele una señora en el mercado
triste como las pintadas de la Jenny en el lavabo
"te querré siempre mi vida, corazón con flecha, Carlos
yo aquí me coloqué las tetas en el año 2004"


Triste como llorar sola en la plaza de Callao
y que las lágrimas sean tantas que inunden calle Preciados
tristes tigres, tan tan tristes que de trigo se empacharon
triste yo, triste tu madre y el señor que vive en el cuarto.


La tresteza, triple triste, tres veces triste me callo
porque es triste no decir nada, pero más triste es gritarlo
impotente, entristecida, con los ojos como platos
sólo queda fabricar versos con muchas erres que rimen a/o




Muerte y sosiego. Ser un acantilado enfadado, de los de barbilla alta, de los de piedras antiguas, de los que no se desprenden.
Domesticar la necesidad de salir a la calle, desnudos y pegando gritos, como niños locos. Porque tener la impotencia por montera trae consecuencias feas.
Muerte y sosiego por no matar y sosegarse después.
Hay algo dentro de mi voz
que siempre se divide en dos
en una luz y un apagón
la voz famélica de dios

Y se me pudre la intuición
dentro de cada decepción
es inhumano y anti-yo
vender mi alma de ratón

Y estoy aquí con altavoz
gritando a ciegas el error
y las miradas son papel
lisas, vacías y cuadriculadas.
Me cayó un jarro de agua fría y me abrió la cabeza. Y se me escaparon las ideas corriendo, por el suelo, a toda prisa, en todas direcciones.
Mientras mi cuerpo yacía inerte y congelado, sobra la alfombra, otras ideas aparecieron de la nada y también corrían, pero hacia mí.
Cuando parecía que iban a estrellarse, las mías y las otras, se pararon, y les crecieron bracitos minúsculos,a todas. Y de los brazos manos.
Y se chocaron las manos recientes, dándose el relevo.
Y las viejas se fueron, buscando otra cabeza, o la nada.
Y las nuevas se metieron en mí y me despertaron.
Te revelo mis secretos en blanco y negro y te hago copia de los negativos, para que hagas con ellos lo que quieras.
Y así, en un fotomontaje de desnudos, me ves como soy, diminuta y en escala de grises.
Como chocolate, fumo y doy tragos de cocacola en un mismo espacio-tiempo, como una perfecta Bridget Jones mediterránea.

Me miro el culo en el espejo sin mucho éxito, temiendo que mi cabeza dé una vuelta completa, como una ridícula niña del exorcista.

Me depilo el entrecejo y estornudo, y me caen lagrimones como puños, pero soy feliz, porque le doy una patada simbólica a mis antepasados los cro-magnones.

Veo películas predecibles con carrera final en el aeropuerto y me conmuevo absurdamente con el apasionado beso anterior al "the end".

Chillo como un cochinillo cuando juego al futbolín, al tenis, al billar o a los dardos, intentando aliñar mi torpeza y consiguiendo curiosamente quedar como una histérica de manual.

¿Y qué le voy a hacer, si traigo algunos accesorios de serie?
Me baño a oscuras en un derrumbamiento de sombras
y me dejo tocar hasta dentro por unos dedos negros,
misteriosos y atemporales.
Después me agarran por la garganta
y me asfixio en mi propia carne
y derrotada me dejo llevar
y derrotada me agarroto.
Cómeme y quítame la luz
apágame y déjame sin ideas.
Para mí la noche, mía.
No vais a poder conmigo, porque soy muchas.

Soy una niña pequeña, de unos seis años, repelente y con coletas.
Soy una gata rechula, que sólo hace caso cuando le da la gana
Soy una abuela folklórica, que canta mientras riega las macetas
Soy una mesa desplegable, que se abre cuando venís muchos
Soy una osa invernal, que desaparece por temporadas
Soy una adolescente estúpida, que llora porque nadie la entiende
Soy la letra c del alfabeto, aunque a veces me trasnsformo en z
Soy una pelota de máquina de bar cutre, que rebota hasta que te vuelves loco

No vais a poder conmigo, os pongáis como os pongáis.
Me espacio en mi propio espacio, mientras los silencios son el máximo común divisor.
Una cucaracha aparece, rechoncha y con cara de susto, y huye de mí como buena superviviente que es.
Pienso en la posibilidad de vivir con ella, sin ponerle correa, pero estoy de mal humor y la aplasto, con el recogedor de metal. La cucaracha muere y se levanta un eco estrepitoso.

Me baño en el eco y me quedo fría, cuando se va. Cualquier sonido es bueno cuando no tengo ganas de escucharme y hoy me he portado mal y no tengo nada de decirme.
Cada vez tengo más claro que no me quiero morir. Estoy pensando opciones para convertirme en inmortal, pero ninguna me congratula lo suficiente.
Han intentado venderme elixires de eterna juventud, e incluso un día un vampiro me guiñó un ojo, pero no me fío. De los farmacéuticos y los animalicos pseudocaníbales una no se puede fiar.
Agradecería que alguien me ofreciera una solución, y a ser posible sin efectos secundarios. No tengo ganas de seguir viva mientras me pudro (los gusanos me dan asquete), ni de tener una interminable existencia llena de achaques o alzheimeres varios.
Si se te ocurre algo, llámame y lo negociamos. No puedo pagarte mucho, pero te lo agradeceré eternamente.

Cuando se me sube la furia latina apartaos de mi camino, porque muerdo y hago pupa. Eso fantásticos días en los que me dan ganas de matar, de gritar, de escupir al cielo y de torturar con palabras.

Ante todo pronóstico, no tiene nada que ver con fuerzas hormonales, es más una cuestión de acumulación de tareas pendientes. La rabia me va llenando, primero los pies, luego hasta la cintura, después sube hasta el pecho y finalmente exploto, como un termómetro lleno de mala leche.

Cuando me sube la furia latina no me reconoce ni mi madre, porque se me comprime la cara alrededor de la nariz, en un pliegue compacto. La culpa es de mis nervios, que se tensan como un arco, con la intención de utilizar mi cara como flecha a la primera de cambio.

Cuando me sube la furia latina, luego se me baja. Pero mientras dura se puede sentir un pequeño holocausto nuclear. Si algún día te cruzas conmigo, huye, porque no me gustaría dejarte secuelas inrreversibles, a ti y a tus futuros descendientes.
Antes de nacer, yo ya pensaba, (porque era muy resabida ya desde el principio) y pensaba que qué bien se estaba en el útero y que de allí no me movía ni dios.
Supongo que algo tendrá que ver, que cuando a mi madre le empezaron las contracciones estaba viendo el un, dos, tres y yo, acostumbrada a no elegir (porque me lo daban todo hecho), me imaginé un mundo donde todo sería cuestión de tomar decisiones "¿el sobre verde o la caja con lazo?". Así que me hice la dura, estiré los brazos y las piernas para hacer tope y levanté la cabeza y grité bien alto ¡¡NO NOS MOVERÁN!!
Mi madre se puso tensa entonces y pensó en darme un cachete para hacerme entrar en razón, pero pegar a un hija nonata está feo, y se contuvo.
Así fue como después de 18 horas de parto y viendo que yo seguía en mis trece, el médico decidió entrar a por mí. Se puso un casco con luz (como los de los mineros) y metió la cabeza y un brazo dentro de mi madre.
Al principio intentó tocar mi lado sensible. Me explicó que mi madre estaba pasándolo muy mal y que si yo no salía ella tendría muchos problemas de espalda en el futuro. No funcionó.
Después recurrió a la negociación "si sales te doy esta piruleta" o " tu madre ha dejado de proveerte avituallamiento, antes o después te tendrás que rendir". Tampoco funcionó.
Finalmente la fuerza se impuso sobre la maña y me agarró de una oreja y tiró hacia fuera con todas sus fuerzas ( y las de dos enfermeras que le ayudaban desde fuera). Mi madre también empujaba, a la vez que me ponía un montón de nombres, que me hacían justicia, pero que no me gustaban nada "sal ya, hijaputa" "te voy a matar, pedazo de bebé sadico". Y al final salí.
Pero salí porque quise, porque ya me había entrado hambre.
Con la rotura de la placenta me caí al suelo y me resbalé. Pero me levanté, con la cabeza alta y los ojos entornados, me sacudí la sangre con el revés de las manos y me fui andando hacia la cafetería, con un pie delante del otro y moviendo el culo. Pa chula yo.
Qué bonito sería ser asexual.
Excitarme en el sentido taurino de la palabra.
Que mis piernas rechonchas no haya macho que me las abra
qué bonito enterrar mi raquel animal.

Qué bonito asistir a alguna bacanal
y quedarme mirando con una sonrisa en la cara
pero menos mojada que un polvorón hecho de grava
Qué bonito sería ser asexual.
No quiero ser yo. No hoy. No a esta hora ni en este lugar.

Ser otra chica. Morena, con el pelo largo, alta, elegante y frágil, pero con espíritu. Una chica Cosmopolitan por un día. Superficial, pero Súper, al fin y al cabo.
Bailar con los brazos en alto, tener una sonrisa a cámara lenta. Beber cócteles y eructar ligeramente hacia abajo, con el sonido de las puertas de un autobús. Llevar tacones interminables sin que me duelan los pies y bajar las escaleras como una vedette de toda la vida, sin tambalearme. Llevar pantalones cortos, enseñando cachete, como en los anuncio de Evax. Mear sin sentarme, tensado mis muslos escrupulosamente trabajados. Levantarme con un aliento perfumado después de haber domido sin que se me cayera la baba. Llevar bolsos sobaqueros. Trabajar en Stradivarius. Comer tostadas con queso fresco y pepino. Dejar que todos me admiren mientras secretamente les desprecio, porque llevan zapatillas feas o porque se rascan sus partes. Emborracharme graciosamente y esperar a que algún caballeroso individuo me tumbe en la cama y me quite los zapatos antes de acostarse junto a mí y mirarme mientras duermo.

Hoy, sólo hoy, saldría de mi cuerpo. Lo borraría todo con una goma blanca de Milán.
Pero estoy escrita con boli y lo único que consigo es desconchar el papel...
Antes de morir preparé mi propia caja. Una caja de zapatos de Elche, de los baratos, forrada con recortes de revistas modernas y pintonas.
Dentro habrá una muela del juicio, un ombligo, un condón y una manta de sofá. La manta ocupará mucho espacio y no cabrá casi nada más.
Fuera se quedarán los besos, los relojes y la tarjeta de crédito. Los besos estarán caducados, los relojes no los necesito y con la tarjeta no puedo ni siquiera sobornar a San Pedro (está chapado a la antigua y sólo admite efectivo).
Cuando me muera me meteré dentro de mi caja. Me arrugaré despacito hasta hacerme pequeña y no se me salgan los pies. Me enrollaré sobre mí misma como una compresa usada y me quedaré quietecita, para no morderme con mi propia muela, ni sacarme un ojo con el ombligo (porque aún muerta, un ombliguerazo molesta).
Mi primera arruga se llama Virginia.
Me arañó la cara por la noche, a escondidas, (como una traidora sigilosa) mientras yo soñaba con chupachups, globos y gusanitos.
Mi primera arruga ya me cae mal, de entrada. Esperaba un email, un telegrama o que un niño me llamara "Señora", como aviso. Pero Virginia no se ha andado con tonterías, ha sacado las uñas y me ha subrayado el ojo, insultantemente.
La odio...
...y me asusta.
Quitadme lo que queráis, pero no me quitéis los ojos, que es lo más mío que tengo.
Quitadme la lengua, pero no me quitéis el rojo. Si es necesario me la destiño y os la doy en blanco y negro.